lunes, 30 de abril de 2012

Entrepreneurship

Ahora que Papelitos ya no es Papelitos y es Axaxaxas mlö, la cosa está más combativa. Hay nuevo post en Tokelau: Entrepreneurship.

martes, 7 de febrero de 2012

Papelitos se muda



Primero, lo importante: este blog se muda. La dirección nueva es http://jorgemet.tk 

La mudanza la hago con todos los posts incluidos, salvo un par que borré por malos.

La razón de la mudanza es que hace unos días me iluminé y me di cuenta de que no necesito pedir prestado alojamiento a Blogger. En el hosting que alquilo para la web de Ártica puedo alojar tantas webs como quiera.

Lo más divertido de todo es que este blog no se muda a cualquier parte. Se muda a Tokelau. Eso y no otra cosa es el dominio .tk. Tokelau, además de un archipiélago de 3 atolones, 10 kilómetros cuadrados y 1500 habitantes, es también una de las pocas jurisdicciones que ofrece dominios gratuitos a gente de cualquier parte del mundo. Otra, por supuesto, es Argentina. Pero Tokelau ofrece la ventaja de no pedir ningún dato personal.

En esta noche de calor, en definitiva, mando a Blogger a la mierda. El mismo Blogger cuyo filtro antispam dio falso positivo y bloqueó mi blog durante una semana en la que no supe si iba a poder recuperar todo, algo o nada de mis horribles posts. El mismo Blogger que nos cuida día y noche, a pesar de que no se lo pedimos.

En esta web versión 2012, me pareció prudente la decisión. Esta web 2012 de censura y de persecuciones. Esta web bombardeada por el FBI a pedido de un puñado de monopolios empresariales. Una web sitiada y maltrecha que así y todo sigue siendo todavía hermosa.

Por supuesto que mi nueva situación no me asegura nada. Nada impide que la empresa de dominios tokelauanos me quite el subdominio cuando se le cante. Nada impide que el hosting que alquilo, cuyos servidores están en Estados Unidos, me cancele el servicio a piacere. La solución más radical, por supuesto, sería tener un servidor propio o comunitario, lo cual trae también sus propias dificultades. En cualquier caso, el riesgo ahora está un poco más distribuido. O eso creo.

De todas formas, qué digo. Mi blog es, lo mire por donde se lo mire, una pinturita. Ya me hubiera gustado que Google me censure. A decir verdad, el hecho de que no me hayan censurado es casi una afrenta. Una recordación de que este sitio es como una gelatina light preparada con más agua que la que dice el paquete. Nunca gente desnuda, nunca copias truchas del nuevo Photoshop, nunca amenazas a la seguridad del presidente Obama. Apenas un par de links atrevidos en dos años de posteos esporádicos.

Me gustaría ser más audaz, pero para eso tendría que crear un blog anónimo. Al fin y al cabo, así es como nació este y como se mantuvo durante un tiempo, hasta que las ganas de figurar pudieron conmigo y terminé suplicándole a todo el mundo que me hiciera propaganda. Ya ven cómo terminan las ansias de anonimato; nada me garantiza que un nuevo blog anónimo no termine de la misma manera.

Aprovecho la mudanza para cambiar el nombre del blog. A partir de ahora se va a llamar, al menos hasta que encuentre un nombre mejor, Axaxaxas mlö. Papelitos ya me tenía los huevos llenos. Cuando recuerdo un título como “Los papeles salvajes”, de Marosa di Giorgio, pienso en lo pelotudo que hay que ser para escribir “papelitos”, así en diminutivo. Ya sé, en su momento el sentido estaba en que el blog venía a remplazar a los talonarios chiquitos que yo usaba para escribir ideas sueltas. Era algo simple y descriptivo. Pero ahora ya no escribo ideas tan sueltas ni tan breves, así que lo de Papelitos parece más una grasada cursi que cualquier otra cosa.

Axaxaxas mlö no es mucho mejor. Es simplemente una cita más o menos rebuscada de Borges. No quiere decir nada y esa es un poco la gracia que le veo. Por lo demás, la cita está sacada de La biblioteca de Babel, un cuento que no tiene nada que ver con todo lo que escribo acá ni tampoco con la idea que quiero transmitir sobre cómo debe leerse este blog.

Eso sí, mi dificultad para encontrar títulos no es un asunto nuevo. Ya tuve varios blogs que desaparecieron, uno de los cuales se llamó (perdón) “Sus medias negras”, y el otro, “El jorobadito”. Un día voy a escribir un post sobre la experiencia catastrófica de El jorobadito. Les puedo adelantar que un día, simplemente, tuve que huir.

Bueno, chau. Espero que este sea, para alegría mía, el último post de mi vida en Blogger.

miércoles, 25 de enero de 2012

La fantasía fascista

http://www.freakingnews.com/pictures/41000/Rambo--41091.jpg
Rambo en pleno orgasmo fascista


La cuestión no es si hay gente que nos cae mal, que nos molesta, que nos enerva, gente a la que le auguramos el mal, gente a la que desearíamos cachetear, patear, acuchillar, mutilar, torturar, asesinar, descuartizar y hacer burlas con su cadáver. La cuestión, tampoco, es si hay colectivos enteros de personas a los cuales nos gustaría poner en fila, encadenados, para que reciban nuestro escupitajo y nuestra revancha. Miembros de asociaciones, comités y gremios, simpatizantes de equipos de fútbol, de cumbia, de heavy metal, de los Redonditos de Ricota, políticos y empleados públicos, taxistas, manifestantes, malabaristas y rastafaris, testigos de Jehová, mormones, motoqueros, adeptos a la Iglesia Universal, gitanos, judíos, católicos, árabes y ateos, negros, gordos, enanos, habitantes de villas miseria, de barrios pobres, de viviendas de clase media y de countries lujosos, sociedades y pueblos enteros respecto a los cuales ningún sueño sería más gratificante que el de juntarlos a todos en un estadio, rociarlos con querosén y echar un fósforo. Verlos arder como a hormigas, desde adentro, convirtiéndose lentamente en carbón. Escuchar sus gritos de muerte y deleitarse, relamerse, masturbarse, sentados en un sillón y con una copa en la mano. Presenciar su desintegración total y absoluta. Como un meteorito, como una catástrofe nuclear. Repentina, mágica.

La cuestión es que esas fantasías, primarias y psicóticas, son imposibles. Pueden servir para aliviarnos en un momento de frustración extrema o para entretenernos en un instante de aburrimiento mortal. Pero en un plano concreto, en un plano político, son algo absurdo. Porque, seamos sinceros, en ese sueño apretamos el botón con el que se detona la bomba y todos los que creemos que no son aptos para convivir con nosotros como gente normal mueren al instante. O, mejor, tenemos un ejército de esclavos que ejecutan nuestras órdenes homicidas sin chistar. En cualquier caso, somos todopoderosos. Nadie opina distinto, nadie nos contradice ni se rebela. En nuestra fantasía no queda vivo ni uno solo de nuestros enemigos. No hay que realizar tareas sucias, rastrillajes nocturnos ni ordenar persecuciones o tiroteos de poca monta. No nos sometemos a ningún poder tiránico, nadie controla lo que hacemos, nadie nos espía, simplemente nos echamos panza arriba y bebemos margaritas. El enemigo no tiene la más mínima posibilidad de defenderse ni de vengarse. La vida luego de la masacre es plácida, libre, feliz. No hay preocupaciones. Los seres humanos sobrevivientes cooperan, se ayudan en las dificultades, ejercen la tolerancia, se aman. Es la victoria delirante, es la llegada del Reino de Dios.

Pero hay que detenerse un momento.

Es verdad que las cosas andan mal. Es cierto que los chorros arrecian, que los políticos son corruptos, que los trabajos son ingratos. Nos sentimos como el orto y tenemos derecho al miedo, a la bronca y a la frustración.

El problema es que aunque alimentemos políticamente la persecución y la represión extremas, jamás vamos a ver satisfecha nuestra fantasía desesperada, loca y todopoderosa; por el contrario, solamente vamos a ver reducidas nuestras libertades, solamente vamos a haber entregado a otros la decisión sobre nuestras vidas.

Tenemos que interponer, entre nuestras pulsiones asesinas y nuestra acción política, un mínimo filtro, un matiz, un pensamiento. Pensar.

Por querer hacer real nuestra fantasía fascista nos estamos condenando a algo que no se parece en nada a esa fantasía. Lo que vamos a tener es un mundo paranoico, un mundo de control obsesivo, un mundo que se está llevando nuestra libertad por delante y que, a cambio, no nos da ni siquiera la satisfacción última de la aniquilación total. Un mundo frustrante y aburrido, un mundo de miedo y de rencor mezquino.

Si estamos locos de frustración, si odiamos la vida porque somos infelices cuando no deberíamos serlo, si estamos desesperados y hundidos y humillados (y acá el tema no es si tenemos plata o no, si conseguimos un buen trabajo o no; entendámonos, es algo mucho más profundo), admitámoslo.

Y pensemos algo nuevo.

miércoles, 28 de diciembre de 2011

Legislación de avanzada

De las cosas curiosas de este mundo, una de las que más me conmueve es la referida a los insólitos nichos que encuentran el socialismo y el comunismo en su errático camino hacia la gran Revolución.

Y es que si hay un lugar donde al día de hoy está claramente prohibida la plusvalía, ese ámbito no es otro que el de la prostitución. Lo que quiero decir es que en Uruguay, como en tantos otros países, no está prohibida la prostitución, pero sí está prohibida la obtención de un beneficio económico a partir de la prostitución de otra persona, aun si hay consentimiento de ambas partes. El proxeneta es digno de sanción porque obtiene un beneficio indebido por el sometimiento de otra persona a un trabajo denigrante e insalubre. Nada diferente de la enorme mayoría de las relaciones laborales en nuestra sociedad. Uno tiende a creer, entonces, que la persecución a los cafishos es solamente la punta de lanza de la propagación del comunismo por el mundo.

Pero atención en las filas burguesas, porque la ola anti-mercantilista sigue avanzando y tiende a implantarse en nuevos e impensados ámbitos. Hablo, aunque cueste creerlo, de la legislación del faso. Pasada la fiebre de la guerra a las drogas típica de los años '80 y '90, ahora en gran cantidad de países se están presentando proyectos de despenalización de marihuana y otras sustancias. Lo interesante de estos proyectos es que despenalizan únicamente la autoproducción para el consumo, pero no la producción comercial para la obtención de un rédito. Más audaz aun es una de las versiones que circulan del proyecto uruguayo de despenalización, el cual plantea la legalización de clubes comunitarios de productores de cannabis, mientras que mantiene las penas actuales para los eventuales comerciantes de drogas. Es decir: todos tenemos derecho a consumir el producto; lo que está prohibido es la producción comercial y el lucro extraordinario.

Una legislación puede ser casualidad. Dos, ya no.

Repito: atención capitalistas, que la fiebre comunista avanza por rieles arrumbados y circunvoluciones sórdidas. Si un día resulta que la legislación en temas de puterío y de faso se propagan, sus horas están contadas.

El proceso de escritura (3)

Cuando tengas muchas ideas en la cabeza y todas las ideas estén relacionadas entre sí, aunque en distinta medida unas con otras y de una manera no demasiado definida ni clara, porque al final de cuentas no siempre es fácil acertar al tipo de relación que tienen unas ideas con otras y, por otra parte, muchas veces de lo único que se trata el relacionamiento es de un mero asunto gramatical, es decir, de si en determinado lugar es preferible un "y", un "o", un "si" o un "pero"; cuando te suceda que tenés todas estas ideas y que cada una de estas ideas corre por separado y que todas empujan por ser dichas y no sabés qué hacer porque no te gusta escribir mal las cosas (no se trata de un asunto de vanidad, sino de mera angustia por la dificultad que te trae no poder comunicarte) pero tampoco te gusta dejar de escribirlas; cuando te suceda esto y te amargues y comiences a odiar a todos los que te rodean, no te preocupes.

Escribí cada idea por separado, escribila de un tirón y sin comas, escribila como si estuvieras persiguiendo a una cucaracha y quisieras matarla lo antes posible y no pudieras pensar en otra cosa hasta hacerlo, escribila así y liquidala con un tremendo punto y aparte. Luego, después de una gigantesca sangría, estampá la idea siguiente y no te esfuerces por que tenga relación con la idea anterior. Vos ya sabés que están relacionadas. No intentes ningún "por lo tanto", ningún "si así fuera", ningún "de todos modos". Dejá caer la idea nueva. Y dejá caer la siguiente y la siguiente.

Si alguna vez tuvo sentido lo que querías decir, si alguna vez esas ideas fueron rústicas y austeras y valientes, entonces van a ser ellas, las ideas mismas, ya fijadas en el papel o en la pantalla, las que se atraigan solas, las que se reúnan y griten la millonésima parte de una gran verdad.

sábado, 17 de diciembre de 2011

Comunista cultural


En el blog "Los futuros del libro", Joaquín Rodríguez (de aquí en más, JR) publicó un artículo a propósito del FCForum, llamado "Observaciones sobre la cultura libre". Si pueden, léanlo para que se entienda lo que viene después.

http://www.madrimasd.org/blogs/futurosdellibro/2011/10/26/133890

------------------------------------


Sigamos.
La cuestión es que leo el blog de JR desde hace tiempo, y el tipo siempre me pareció alguien razonable en cuanto a su enfoque de los cambios culturales que se están dando. Para que se hagan una idea, utiliza licencias CC, escribió un libro sobre Wikipedia, apoya a Bookcamping. En otras palabras, no podemos decir que sea un garca.

Sin embargo, el post que acabo de citar me hizo saltar la vena y se armó debate en los comentarios. A continuación, el intercambio:

Yo:
Hola! He leído con atención el post y me parece interesante tu postura sobre la tensión entre copyright y cultura libre. Sin embargo, me gustaría hacer algunos comentarios críticos:
1 – Si el copyleft se vale del copyright para establecer libertades, es porque no hay otra forma legal de establecer estas libertades. Es, en cierto sentido, una especie de argucia legal que inventaron los desarrolladores de software para permitir la reproducción de sus obras sin necesidad de permiso previo y, sobre todo, para evitar que otros se apropien de las obras derivadas (la famosa cláusula “Share alike”). Es decir que el copyleft nace como respuesta de la comunidad a la ley vigente.
2 - Es muy discutible la afirmación de que los creadores deberían ser “libres” de elegir entre usar copyright o copyleft. Hay un argumento muy utilizado por los defensores del copyright, el cual dice que sería autoritario prohibir las licencias propietarias. Para los defensores de este argumento, el autor debe ser libre de elegir si quiere prohibir o no la reproducción de sus obras. Es decir, si le quitamos al autor su derecho a prohibir algo, estamos avanzando sobre sus libertades. Yo creo que este argumento es, al menos, discutible.
3 - Por último, hay muchas comunidades y organizaciones que están planteando, justamente, redefinir la idea de propiedad intelectual y de derechos de autor. Para esta redefinición, ponen sobre la mesa otros derechos que entran en conflicto con los anteriores, como el de acceso a la cultura y el de libertad de expresión. Poner en cuestión las leyes de propiedad intelectual implica, tal vez, formular nuevas leyes que “prohiban prohibir”.


JR:
Gracias por tus comentarios, que me parecen desacertados, en cualquier caso:
1. Copyleft es copyright, sin argucias ni manipulaciones. Lo dice claramente el texto de la Ley de Propiedad intelectual: TÍTULO PRIMERO
Disposiciones Generales
Artículo 1. Hecho generador
La propiedad intelectual de una obra literaria, artística o científica corresponde al autor por el solo hecho de su creación.
Artículo 2. Contenido
La propiedad intelectual está integrada por derechos de carácter personal y patrimonial, que atribuyen al autor la plena disposición y el derecho exclusivo a la explotación de la obra, sin más limitaciones que las establecidas en la Ley.
2. Invocar una limitacion de la propiedad intelectual por el derecho de acceso general e irrestricto sería tanto como decir que, ya que todos tenemos hambre, tres veces al día, las panaderías y las cafeterías deberían abrir sus puertas sin restricciones. Eso sí: todas aquellas obras que hayan sido financiadas con fondos públicos, proyectos de investigación, etc., deben estar estrictamente sometidas a un principio de transparecencia y circulación que no tienen por qué tener las obras que hayan sido creadas de manera privada e independiente. En este último caso, no puede ni cabe violar el principio básico de la propiedad intelectual.


Yo:
Joaquín, creo que no se entendió bien mi comentario anterior.
Estoy completamente de acuerdo contigo en que copyleft es copyright. Copyleft es una forma (ingeniosa, por cierto) de utilizar el copyright. Eso está claro. El copyleft es la mejor licencia que encontraron los defensores de la cultura libre para operar dentro del marco legal vigente.
Sin embargo, tal como decís vos con respecto a las obras huérfanas, en este caso también es posible pensar otros marcos legales distintos al vigente.
Tu argumento de la panadería es inexacto. La propiedad de las ideas es esencialmente distinta a la propiedad de las cosas físicas. Esto es así porque las cosas son distintas a las ideas: mientras que las cosas son escasas, las ideas se pueden reproducir al infinito sin afectar el original. Por esta razón, yo puedo estar (y de hecho lo estoy) en contra de que las multitudes entren a las panaderías a llevarse bizcochos, y simultáneamente estar a favor de la libertad para reproducir, difundir y reelaborar las obras intelectuales.
Mi intención no es convencerte de mi postura. Simplemente mostrar que hay quienes creemos posible discutir el corazón mismo del concepto de propiedad intelectual.
Quienes estamos en favor de la cultura libre irrestricta, conocemos la ley actual. Conocemos su texto y sabemos cómo está definida la propiedad intelectual en dicho texto. Simplemente queremos cambiar dicho texto. Y por esa razón militamos políticamente, por esa razón realizamos eventos y acciones ciudadanas. Porque creemos, sobre todas las cosas, que cambiando ese texto, los autores y la sociedad en general (excepto algunos monopolios) nos beneficiaremos por igual.
Saludos.


JR:
Todo derecho tiene su limitación. El derecho de propiedad siempre tiene como tope el del bien común o, por el contrario, el del daño que pudiera causar el hecho de monopolizarlo. Esto está recogido en cualquier legislación, no es cosa del debate actual. Si bien las ideas, en sí mismas, carecen de protección legal, su expresión formal goza y debe gozar de todos los privilegios de la protección. Corremos el peligro, por eso, de radicalizarnos en posturas antagónicas: las de la industria cultural, que percibe el peligro de la pérdida del monopolio sobre el control de la reproducción y circulación de los contenidos, privilegio de naturaleza esencialmente analógica que encuentra dificultades para pervivir en el entorno digital, y las de los movimientos copyleft, que en función de un silogismo algo inocente: "Todos tenemos Internet; Internet es libre y sirve para copiar; todos somos libres y copiamos libremente", consideran de obligado cumplimiento la renuncia incondicional al copyright en aras de un supuesto comunismo cultural.Y eso, claro, no es así.

----------------------------------

Si la cuestión terminó acá es porque consideré que ya había sido claro en mi punto de vista y no me gusta mucho trollear en blogs ajenos. Pero como para algo tengo mi blog, acá la sigo.

La postura de JR es la típica de alguien que ha leído a Lawrence Lessig. De hecho, en el libro "Free Culture", Lessig plantea la relación entre cultura libre y cultura propietaria en términos casi idénticos.

Por supuesto, nadie puede decir que Lessig no sea uno de los militantes más importantes en favor de democratizar la cultura. Y sin embargo, es el mismo Lessig quien aboga (igual que JR) por no radicalizar la postura anti-copyright. Esta cuestión es muy delicada y me gustaría detenerme un momento.

Hay dos maneras posibles de entender este llamado a no defender una postura radical: una ideológica y otra pragmática. En el primer caso, la postura de Lessig y JR sería la de tipos que consideran sinceramente que la cultura libre debería coexistir con la cultura propietaria, y que piensan, además, que el objetivo final de nuestra militancia es simplemente que la relación entre ambos tipos de cultura sea sana y haya una suficiente masa de cultura libre como para no frenar la innovación social, etc, etc. Es muy posible que estos sean sus verdaderos propósitos y, si es así, no estoy de acuerdo.
Por el contrario, a mí me gusta ver el llamado de Lessig a la moderación como el de un tipo sumamente pragmático, que sabe que hoy en día no hay ningún atisbo posible de revolución en este campo, que las fuerzas en pugna son muy desiguales y que la única forma de luchar hoy por esto es con un discurso como el que se lleva adelante en Creative Commons.

CC ha hecho un trabajo descomunal por la cultura libre en todo el mundo, y a pesar de que su discurso sea demasiado poco crítico, opino que en la coyuntura actual todos los que pensamos que debería haber más cultura libre (no importa cuánta) deberíamos trabajar juntos.

Sin embargo, eso no implica de ningún modo tragarse el discurso "moderado" como una afirmación ideológica deseable.

JR me dice: "Si bien las ideas, en sí mismas, carecen de protección legal, su expresión formal goza y debe gozar de todos los privilegios de la protección." En efecto, la expresión formal de una idea goza hoy de "protección" (a.k.a. monopolio de explotación) legal. Eso es una afirmación fáctica. Lo que no es una afirmación fáctica es que esa expresión formal "debe gozar de todos los privilegios de la protección". Muy por el contrario, lo que hace JR aquí es dar su opinión. Una opinión con la que yo no estoy de acuerdo en absoluto, por la sencilla razón de que, en mi trabajo, he comprobado que una legislación así no beneficia ni un poquito a los creadores ni (por sobre todas las cosas) a la sociedad en su conjunto, sino únicamente a los parásitos de la propiedad intelectual.

Sólo un hecho: la transferencia de riqueza hacia sectores de ingresos bajos y medios que ha traído la liberación de la cultura a través de la mal llamada "piratería", es de una magnitud tal que maravillaría a cualquier socialista de las viejas épocas.

Otro hecho: hay áreas enteras de producción económica, como la del desarrollo web, que se manejan casi exclusivamente bajo el régimen de lo que JR llama "comunismo cultural". Y no les va precisamente mal.

Siguiendo con lo de comunismo cultural, no se entiende bien si lo que le molesta a JR es la idea misma de lo que él denomina comunismo, o si, por el contrario, le molesta que este comunismo sólo sea algo supuesto, no real. En el primer caso, allá él. En el segundo caso, creo que JR debería dejar de ver los intereses de los consumidores de cultura como antagónicos a los de los creadores. De hecho, cada vez más, consumidores y creadores son los mismos. Y aunque no lo fueran, ambas partes tienen los mismos intereses: que haya creaciones y que lleguen a la mayor cantidad de gente posible. Por supuesto que hacen falta recursos para algo así, y es por esto que, cada vez más, se utiliza la financiación colectiva como sustento para la creación. También es por esto que, cada vez más, se eliminan los intermediarios superfluos y, cada vez más, los creadores se comunican directamente con su público.

Vamos, que es perfectamente posible el comunismo cultural. Para esto, por supuesto, debemos contar con artistas no alienados, que comprendan cuáles son sus verdaderos intereses y que no acepten pasivamente el discurso que imponen los lobbies de los parásitos del copyright.

Artistas que, en lugar de temerle a su público, entiendan que la creación es necesariamente un hecho social. Artistas que, en lugar de tragarse el sueño imposible que les vendieron de la fama y la riqueza, se atengan a lo que de verdad quieren crear y pongan en marcha los mecanismos para hacerlo.

Mecanismos hay, recursos hay, y la cultura va a estar más viva que nunca si, como ciudadanos, aprendemos a usarlos. Y, sobre todo, si nos animamos a hacerlo.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Cómo ser Silvio Rodríguez y no morir en el intento


http://actualidad.orange.es/UpImages/2340/silvio_rodriguez_presentara_su_mas_reciente_disco_en_una_gira_por_argentina_y_uruguay_1b9f85b5fca830314c2f7588d_g.jpg 

No pude dejar de sentir cierta incomodidad el miércoles pasado en el recital de Silvio Rodríguez en Montevideo. No es que me molesten las multitudes, ni que Silvio le haya pifiado a las notas.

La cuestión tiene que ver con algo si se quiere extramusical, pero que de todas maneras afecta la forma en que me dispuse a escucharlo.

Los que vamos a ver a Silvio, inevitablemente sabemos que Silvio es algo más que su música. Sabemos que Silvio representa algo muy concreto, que la figura de Silvio pertenece a un movimiento, a un imaginario, a una colección de significados, que podríamos llamar la canción latinoamericana, o, de manera más amplia, la cultura progre latinoamericana. No sólo eso. Silvio es, de hecho, para el imaginario colectivo de cualquier argentino o uruguayo, uno de los ejemplares más recalcitrantes de la cultura progre latinoamericana.

Los que vamos a verlo, estamos condenados a tener en cuenta lo que representa Silvio dentro de ese movimiento. Un movimiento que tuvo sentido en un momento determinado, pero que, cuanto más tiempo pasa, más caricatura de sí mismo se vuelve. Un movimiento que en el mejor de los casos no hace más que recordar a gente como Violeta Parra, Atahualpa Yupanqui o Alfredo Zitarrosa, y que, en el peor, nos trae los graciosos ejemplos de Eduardo Galeano o de León Gieco y Víctor Heredia, quienes, como marionetas de sí mismos, pueblan todas las acciones a beneficio que a uno pueda imaginar, justas o injustas, estúpidas o serias, da igual.

Hay algo chistoso en esa imagen de hombre de la cultura latinoamericano, que inevitablemente viene a la cabeza, también, cada vez que se menciona a Silvio. De hecho, es innegable que el mismo Silvio se encarga de reforzar esa idea, citando todo el tiempo a aquellos nombres y pidiendo, en cuanto recital aparece, por los cubanos presos y la mar en coche.

A lo que voy es a que la gente que asiste a sus recitales es, en mayor o menor medida, consciente de esta situación. Y es así como el miércoles, en el estadio Charrúa, cada momento de silencio derivaba en agudos gritos pidiendo “Te doy una canción”, “El necio” o “La maza”. Lo curioso no eran los pedidos en sí, al fin y al cabo los pedidos de hits son esperables en cualquier recital. Lo curioso, digo, era que estos pedidos tenían un cierto matiz irónico, casi como si quienes los entonaban estuvieran haciendo un chiste, más que pedir una canción.

Peor todavía, cada vez que Silvio comenzaba a tocar alguna de estas canciones famosas, se producía una especie de festejo en broma, que no correspondía ni al tono de la canción ni a nada. De alguna manera, todos los que estábamos ahí no podíamos dejar de sonreír ni de sentir, al mismo tiempo, cierta vergüenza de estar en medio de una situación así.

Aclaremos: no era vergüenza ajena. Imposible sentir vergüenza ajena de un tipo que, si lo dejás 30 segundos con la guitarra, te demuestra que está diez escalones por encima de cualquiera. Lo que daba vergüenza era la situación misma. La situación de pedirle canciones que son íconos polvorientos de la canción progre, y de saber que tanto él como nosotros lo sabíamos y que tanto a él como a nosotros eso nos causaba cierta gracia, y, al mismo tiempo, cierta impotencia. De hecho, lo que yo más temía era que fuera el mismísimo Silvio quien estuviera sintiendo vergüenza, el que se preguntara para qué carajo había venido a tocar si después de todo, hiciera lo que hiciese, por más virtuosismo que desplegara y más canciones nuevas e impresionantes que presentara, todo al final iba a ser entendido como una nueva puesta en escena del gran ícono de la canción latinoamericana.

No sé si hace falta decir por qué admiro a Silvio. En cualquier caso, si lo hago, no es ciertamente por su lugar de ícono decadente o de prohombre gastado, sino porque el hombre este es probablemente el compositor más dotado de América Latina. Un tipo capaz de hacer uno de los discos más maravillosos de la historia de la música popular en castellano tan solo con una guitarra. Un tipo que logra las armonías más asombrosas y a quien le atribuyo el mérito de crear el megahit musicalmente más complejo que conozco. Un tipo que entendió que una canción no es la mera suma de letra más música. Un tipo que logró que al género canción se le dé el reconocimiento como verdadero arte. Un tipo que, musicalmente, se la jugó siempre por lo más difícil y que fue capaz de experimentar en todo momento, tanto hace 30 años como ahora. Un tipo que no volvió a hacer las mismas melodías una y mil veces. Un tipo que, cuando no tenga nada más que decir, estoy seguro de que va a dejar la guitarra y se va a dedicar a otra cosa. Un tipo que no solamente hizo esto, sino que además siempre reflexionó rabiosamente sobre todo esto. Un tipo que, incluso si lo pensamos desde lo político, ha sido de una honestidad y una fiereza inmensas. No porque haya hecho o siga haciendo, como tantos otros, recitales a beneficio. No. Honesto y valiente porque es uno de los pocos tipos capaces de pensar a su país más allá de la estupidez. Doble mérito si la lucidez viene de un cubano. Doble mérito porque no es fácil pensar la realidad cuando se la vive desde adentro. No es fácil defender la Revolución con uñas y dientes, sin ser un chupamedias del poder. No es fácil plantarse a discutir qué tipo de socialismo uno quiere, sin por eso poner en duda jamás la idea básica, la idea movilizadora de la Revolución.

Por eso, sé que cada vez que a Silvio le piden El Unicornio, él no se debe sentir del todo cómodo. En el mejor de los casos, si ya se acostumbró a momentos así y es capaz de tolerarlos sin que le venga alergia, estoy seguro de que, aun así, se hace cargo de que la imagen que se creó alrededor de él no es la mejor, se hace cargo de haber quedado encasillado como prócer de la canción latinoamericana, y de que algo así es de las cosas más tristes que han podido pasarle. ¿Por qué? Porque le resta poder a su discurso. Le resta poder a su música y a su acción política.

Es seguro que Silvio reflexionó sobre este asunto miles de veces. Es seguro, también, que luego de reflexionar, llegó a la conclusión de que debía bancarse ese lugar y seguir adelante. Después de todo, no parece haber otra opción, otro camino honesto para elegir. No hay otra manera de seguir adelante, a pesar de que el arte se debilite y que el discurso pierda trascendencia. El lugar que le tocó es ese, y por menos que pueda aportar, es algo. Peor es morir.

De más está decir que, si bien el guitarrista y la flautista con quienes tocó eran bárbaramente virtuosos, lo más impactante del recital fue cuando el tipo agarró la guitarra y se largó él solo. Fue este y sólo este el momento en que uno lograba olvidarse de quién era Silvio, de qué representa, de la grasa que destila su imagen de cantante latinoamericano, y simplemente disfrutábamos todos con la potencia de fuego de su música. Aunque por supuesto, era simplemente que terminara la canción para que volviera el grito de “grande Silvio”, “Viva Cuba”, “Tocá El Unicornio”, y entonces todo se volvía a arruinar.

La experiencia del recital de Silvio, en definitiva, fueron 3 horas en las que uno no terminaba de sentir vergüenza cuando comenzaba a admirarlo, y no terminaba de disfrutar cuando volvía de golpe la vergüenza.

Para los que no estén dispuestos a tolerar una experiencia así, la recomendación es que, de aquí en adelante, se abstengan de asistir a los recitales de Silvio y de leer las entrevistas a Silvio en la prensa, y que simplemente preparen una buena copita, consigan una penumbra adecuada y dejen girar sus discos, sus tremendos discos, sus inquebrables discos.

miércoles, 9 de noviembre de 2011

Taxista, se nace

Iba a ponerme a escribir sobre los últimos estudios neuropsicológicos que indagan en el cerebro de los taxistas, pero me ganaron de mano. En el siguiente artículo, descubrirán qué zonas del cerebro tienen más desarrolladas los taxistas, en qué medida el área de la rapidez de reflejos se relaciona con el epitelio del conservadurismo político, y qué ventaja evolutiva les brinda todo esto frente al común de los mortales.

El sexo del cerebro o el cerebro del sexo



Al artículo en cuestión, sólo quisiera agregar que buena parte del problema que tenemos con la divulgación científica se debe a los modelos de negocio de diarios y revistas. Con las ventas en papel cada vez más reducidas, se juegan todas sus fichas al amarillismo. En este contexto, las únicas noticias "científicas" que caben son aquellas que alimentan el chusmerío (aquí entran, por ejemplo, las notas sexistas) o que "develan secretos ocultos".

martes, 1 de noviembre de 2011

Arrepentidos

El arrepentido

De todos los tipos humanos, el del arrepentido es, con toda probabilidad, uno de los más peligrosos.

¿Qué es un arrepentido? Fácil. Es alguien que luchó por una causa, que defendió unas ideas, que defendió un estilo de vida, y a quien las circunstancias de la realidad o de la vida lo llevaron, tras un proceso paulatino o, más comúnmente, mediante alguna clase de revelación o insight súbito, no sólo a renunciar sino también a renegar de todo aquello que era central en su vida anterior.

Ejemplos de arrepentidos hay en todas partes y son, por naturaleza, más visibles que otras personas, dado que el arrepentido suele gritar a viva voz su arrepentimiento.

Del amplio menú de arrepentidos que pululan por las calles, hay uno que es bien conocido. Se trata del chorro arrepentido. El chorro arrepentido es aquel chorro que, tras un traumático paso por la cárcel, o tal vez luego de haber perdido a un pariente cercano, entra en razones (por lo general con ayuda del pastor evangélico del penal) y se da cuenta de la execrable vida que llevaba. De allí en adelante, el chorro arrepentido hablará amargamente acerca de su pasado. Considerará que su proceso de transformación es de notable valor humano. Y sobre todo, se convertirá en un defensor a ultranza del orden, de la vía recta y de los valores cristianos. Estará convencido de que el mundo anda de mal en peor, de que la mano dura debe aplicarse desde la más temprana infancia y de que los únicos caminos para evitar el apocalipsis moral de la sociedad se hallan en el endurecimiento de las penas legales y en el amor a dios.

Otra subclase de arrepentido, extremadamente común, es la del amante infiel arrepentido. Esta especie, comúnmente transmutada luego de vivir él mismo, en carne propia, la infidelidad de su gran amor, se caracteriza por denigrar las relaciones casuales y por hablar mal de la liberalidad sexual de sus prójimos, incluso la de quienes eligen voluntariamente y de común acuerdo una vida así. El amante infiel arrepentido afirma haber "sentado cabeza", y juzga a quienes no lo hacen de poco maduros o, alternativamente, de lacras sociales. Además, muestra un nuevo y profundo fervor por la institución matrimonial, y es de la opinión que la monogamia heterosexual es un bastión necesario para el correcto funcionamiento de nuestra sociedad.

Qué decir del drogón arrepentido. Todo un caso. Como el chorro, como el infiel, el drogón arrepentido es otro ejemplo típico de nuestra fauna humana, que la emprende contra aquel oscuro objeto de placer que finalmente le ha hecho tanto daño a su vida. El drogón arrepentido, que en sus fervorosos testimonios de días enteros de delirium tremens, visiones espeluznantes y luchas mano a mano con la muerte, no duda en llevarse por delante los derechos civiles de las personas que, a diferencia de él, llevan adelante sin dificultades el consumo de sustancias psicoactivas. "¡Prohibición!" es el lema del drogón arrepentido. "¡Prohibición!" es el grito que levanta y que defiende, con la autoridad moral que le da el "haber vuelto del infierno".

Y hete aquí, en este último punto, el argumento más poderoso del arrepentido. El implacable "yo ya lo viví". El "vengo de ahí y sé lo que te digo", que tan irrefutable le resulta y que lo enceguece, impidiéndole ver más allá de su ombligo, dejándolo incapaz de discernir entre su triste experiencia y la experiencia de los otros. Porque el arrepentido, sobre todas las cosas, es alguien que no sabe que él no es el mundo. Es, como diría Freud (ya ven, apelo al psicoanálisis cuando se me canta), una formación reactiva andante. Alguien a quien la realidad afectó tanto, que hoy es incapaz de toda reflexión. Alguien temeroso. Temeroso de su propio deseo, que sigue ahí esperándolo como un perro rabioso, y temeroso de los demás, que le recuerdan día a día, en cada momento, este amargo y delicioso deseo.

Por último, una breve mención a quien es, sin lugar a dudas, uno de los arrepentidos más folklóricos y virulentos. Hablo del comunista arrepentido. El comunista arrepentido, que en su juventud defendió la revolución bolchevique y la cubana, que pintó paredes, insultó a los militares, habló de expropiaciones y de reformas agrarias, y que hoy, por el contrario, se refugia en el discurso filo-republicano, seudo-liberal, para desvalorizar o, incluso, oponerse, a los avances populars en materia económica y social. El comunista arrepentido, ese que un día fundó una cooperativa y, al primer contratiempo, comprobó la naturaleza holgazana y maligna de los seres humanos. El comunista arrepentido, que, con dudosa honestidad intelectual, equipara el desastre de las dictaduras pro-soviéticas del siglo XX con el fracaso de la idea misma de socialismo. El comunista arrepentido, que, inconfesablemente resentido por no haber podido hacer la revolución él mismo, inconfesablemente resentido por formar parte de una generación fracasada, una generación cuyos hombres y mujeres valiosos han sido muertos, y de la que el comunista arrepentido no es más que un residuo devaluado, alguien que, en todo caso, no luchó tanto como otros, alguien que, tal vez, no estuvo a la altura moral a la que debió haber estado, hoy, sin embargo, y quizás justamente por ese resentimiento, es el defensor más convencido y enérgico del sistema social injusto en el que vivimos.




jueves, 20 de octubre de 2011

Aforismos digitales

- La literatura fue esclava durante 500 años de los libros. Ya no los necesita más.

- Soy el primero en decir: "Muerte al papel, que viva la literatura".

- La música ya es libre, el cine ya es libre. ¿Qué le pasa a la literatura?

- Ya se inventaron los reproductores de textos electrónicos. ¿Gracias a qué extraña conspiración pueden seguir existiendo todavía los libros impresos?

- Cualquiera que recite el viejo cliché del olor de las páginas o del placer de buscar en una biblioteca, tendrá que admitir que su actitud es tan pueril como la de un niño que colecciona figuritas.

- Cualquiera a quien le interese mínimamente el acceso a la cultura, tendrá que entender que la digitalización de todo lo escrito es absolutamente necesaria.

- ¿Qué hacen las bibliotecas en este preciso momento si no es digitalizar todo aquello que guardan juntando moho en sus estantes?

- La tinta electrónica es a la literatura lo que el mp3 a la música.

- ¿Quién si no los monopolios de la edición en papel, siguen interesados en demorar lo que se cae de maduro?

- ¿Hay algo más difícil de entender que acá no se trata de la pelea entre los viejos monopolios editoriales y Amazon?

- ¿Adónde están los bibliotecarios en esta pelea? ¿Adónde, por dios, están los escritores?



jueves, 22 de septiembre de 2011

Siga el relato usted mismo (versión under)

Ayer leí de nuevo el comienzo de la novela (ejem) que estoy escribiendo y la verdad, sin pudor, es que me parece bueno. Así que lo copio acá, porque se me ocurre que podría muy bien servir como uno de esos ejercicios de "Sigue la historia" que daban las maestras de Lengua cuando yo iba a la escuela. Acá va:


"Esto que les voy a contar se trata, como notarán desde un principio, de un largo problema con las mujeres, pero se trata también de un largo y complicado problema con los hombres, y, más todavía, de un espantoso problema con la soledad, con las metáforas, con las ciudades, con la vergüenza y el ridículo, con el yo mismo y con ciertos aspectos del mundo estéticamente repelentes y existencialmente despreciables. Tal vez por esto no sea casual que la acción transcurra mayormente en Mar del Plata, aunque yo viva en San Martín, distrito de la provincia de Buenos Aires, Argentina, adyacente a la ciudad capital. San Martín es la Ciudad de la Tradición y la Capital de la Industria. Lo digo para que se entienda de dónde salió Gloria. Salió de entre las casas de ropa de oferta, las pollerías y los negocios de panchos. Salió de un chalet ubicado en medio de una santería y un puesto de medialunas. Salió del corazón mismo de una ciudad depravada, como un ejemplar rastrero de la humillante victoria (de ahí su nombre, cabe pensar) del Mal Gusto. Gloria fue mi novia y lo digo sin orgullo. Yo besé a Gloria. Yo tuve sexo con Gloria. Yo pasé dos meses y medio tratando de convencer a Gloria para tener ese sexo melindroso y servicial que abarató cualquier idea previa de alma y de amor, hasta la más austera. No, yo no estoy orgulloso y sin embargo sé que no cometí ningún error, que las cosas en este mundo son así, que estamos destinados a sobarnos y a sufrirnos los unos a los otros, que el miedo a la soledad es inaguantable como es inaguantable su atracción, y que tal vez todo esto es lo que quería descubrir cuando el 31 de enero de 2007, apenas convaleciente de una mononucleosis que borró diferencias entre mi cabeza y mi cuello y que a punto estuvo de reventarme el bazo, escuché pacientemente la puñalada oportunista de Gloria y en lugar de suplicarle que no me abandonara, como ya había hecho en varias oportunidades, acepté esta vez tranquila y hasta irónicamente su atormentado discurso final de que me dejaba porque ella, a pesar de que había hecho todo por salvarnos, se había cansado de que yo no fuera capaz de amarla. Cinco años pegándome contra la pared y el 31 de enero de 2007 me encontré sin la pared en donde pegarme. No voy a describir la conmoción, pero creo que cualquiera que haya pasado por algo así puede reconocer el poder afiebrado y delirante del dolor extremo, el narcótico primer día tras ser abandonado. Más aun si se arrastra de los días previos una enfermedad como la mía, que me trajo al menos dos semanas de temperaturas por encima de los treinta y nueve grados..."


Por supuesto, las 60 páginas que tengo escritas a continuación desmerecen por completo el comienzo tan esperanzador. En eso estamos trabajando.

martes, 30 de agosto de 2011

Vieja duda

La gota que salpica cuando el chorro de orina impacta contra el agua del inodoro, ¿es de agua o es de pis?

sábado, 27 de agosto de 2011

Judith Butler, la ley de identidad de género y los baños mixtos

Leo que en el Congreso de Argentina se comenzó a tratar una ley de identidad de género. Está bien. Que así sea.

Es lo que viene pidiendo hace tiempo la comunidad de travestis y transexuales para disminuir, aunque sea un poquito, la violencia que reciben desde todos lados, día tras día.

Varón

Agarro mi DNI. El campo "sexo" es el cuarto en orden de importancia, detrás de "apellido", "nombres" y "clase" (a.k.a. "año de nacimiento"). Más abajo figura el número de documento y la nacionalidad.

Agarro una tarjeta migratoria. "Sexo" vuelve a figurar antes que "nacionalidad" y "país de residencia", al fin de cuentas lo más importante para una tarjeta migratoria.

Le pregunto a Mariana qué problema tienen los muchachos del registro civil y los de Migraciones con las partes pudendas de uno. Después de todo, "sexo" no aporta nada mejor, a efectos de la identificación de una persona, que una foto actualizada y una buena huella digital, elementos que no faltan en toda cédula.

Lo pienso una y otra vez y llego a la conclusión de que, efectivamente, el campo "sexo" lo incluyen solamente para molestar a los transexuales.

Sigo hablando con Mariana. En un momento, ella desconfía de nuestra supuesta agudeza y dice que alguna utilidad tiene la distinción. Dice que puede ser útil, por ejemplo, para estudios demográficos. Dice además que, paradójicamente, es un dato imprescindible para medir la violencia de género. Dejar de utilizar el dato "sexo" podría invisibilizar la violencia que existe y que seguirá existiendo, al impedir cruzar esa información con otros indicadores como salario, acceso a la educación, pobreza, etc.

Le creo, pero le pregunto, si es así, por qué no figura en el documento un campo como "raza" o "etnia", el cual también arrojaría datos decididamente útiles para un sociólogo. ¿Es por lo difícil de establecer la raza de una persona? ¿O acaso porque tiene un olorcito a nazi consignarlo? Y si es así, ¿por qué no tendría el mismo olorcito el "Varón" o "Mujer" de mi DNI? Y además, si estamos hablando de datos demográficos y de estudios sociales, ¿qué mejor herramienta para preguntar "¿tenés chota?", sin comprometer a nadie y de forma anónima, que un censo? Y, en todo caso, ¿qué mejor que reformular la pregunta y dejarla abierta a lo que la persona desee responder? Después de todo, muchos transexuales y no transexuales seríamos más felices si no nos obligaran a decidirnos.

Qué digo decidirnos. Decidirnos es lo que no podemos hacer ahora y es por lo que están peleando allá en el Congreso. En caso de lograrlo, será una victoria, claro. Pero seguirá siendo poco.

¿Por qué una persona a quien no le interesa cumplir con los rituales de género que le fueron asignados, una persona que se mire por donde se la mire (sí, ahí abajo también) no concuerda con las categorías históricamente construidas de "hombre" y "mujer", debería decidirse por ser alguna de esas dos cosas?

Vuelvo a la charla con Mariana. Me dice que la determinación del sexo puede ser importante para uso médico y para estudios epidemiológicos. Concuerdo. Pero con una salvedad. Los médicos cruzan todos los días el límite del dato útil para ejercer violencia y actuar como disciplinadores. Sólo un ejemplo: hoy en día, si quiero donar sangre en Uruguay, debo responder si tengo relaciones homosexuales, dato completamente irrelevante (y vil) cuando todas las donaciones recibidas se analizan más tarde en laboratorio.

En definitiva: no tengo ningún problema en hablarle de mi chota a mi médico, pero siempre y cuando él utilice este dato únicamente para curarme.


Baño público mixto

Por último, la charla con Mariana avanza al terreno cotidiano. ¿Cómo sería la vida de todos los días sin la obligación de ser hombre o mujer? De repente, se me aparece un caso boludo pero que pinta problemático, como el de los baños públicos. ¿No sería incómodo estar en un mismo baño con alguien del otro sexo? Lo primero que me viene a la cabeza es la fantasía de que aumentarían salvajemente las tasas de promiscuidad y de violaciones. ¿Acaso los locos borrachos no se lanzarían a manosear mujeres? ¿Acaso uno mismo no se sentiría tentado al ver una perra voluptuosa inclinada frente el espejo, maquillándose? La verdad es que no sé. Sí sé (de repente me encuentro contestándome a mí mismo) que los gabinetes higiénicos son individuales y que en los mingitorios rara vez uno llega a ver la chota de un vecino. Sí sé que, en situaciones sociales normales, ningún vivillo osa siquiera mirarle el culo a una mina que tiene al lado. En cualquier caso, la incomodidad y las fantasías se acabarían, supongo, tan pronto como nos acostumbrásemos a compartir el espacio. E intuyo que descubriríamos que no hay nada sexy en los ruidos de pedos y chorros de pis de la vecina.*

Judith Butler

Judith Butler escribió largo y tendido sobre la violencia de las construcciones sociales históricas de sexo y género. Nos contó (y le agradezco por haberlo hecho) cómo estas construcciones sociales ejercen presión sobre el desarrollo pulsional y hasta físico de las personas. Sobre cosas tan escalofriantemente básicas como lo que nos gusta, la imagen que tenemos de nosotros mismos y del mundo, la forma de caminar o cuánta fuerza tenemos.

Una vez un amigo argumentó que no es bueno borrar distinciones tan básicas como la de género, dado que nos ayudan a ordenar el mundo. Decía que si dejáramos de pensar en hombres y mujeres, habría un empobrecimiento de significados. Probablemente mi amigo tenía razón. Creo que en este caso la solución no va por el lado de eliminar distinciones ni de promover la uniformidad (y esto lo digo a pesar del afán destructivo que me agarra cada vez que veo una revista Hombre o Cosmopolitan, cada vez que veo a una mujer maquillándose en el ómnibus). Mejor es actuar, como Judith, para revolucionar los géneros con una explosión de significados nuevos. Mejor es ser sujetos "con género", que tomamos parte activa en la conformación de nuestra identidad.

Cuando eso pase, cuando lo queer no sea la excepción sino la regla, no va a tener demasiado sentido que los del registro civil sigan fabricando las libretas con el campo "sexo".


* Mariana me pide que aclare que ella también está radicalmente a favor de los baños mixtos.